Las voces de los muertos by Alberto Meneses

Las voces de los muertos by Alberto Meneses

autor:Alberto Meneses [Meneses, Alberto]
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Novela, Policial
editor: ePubLibre
publicado: 2022-04-15T00:00:00+00:00


32

La expresión de Inés Suárez era indeterminable. No se podía decir que estuviese triste o que se alegrase de la muerte de su marido. Simplemente estaba ausente, o al menos eso daba a entender.

—Tenemos que hacerte algunas preguntas —dijo Calviño cuando ella tomó asiento en la misma silla donde diez minutos antes había estado su amiga, Raquel Barros.

—Yo no lo maté —aseguró con la vista clavada en sus manos, que apoyó encima de la mesa.

—Lo sabremos seguro cuando tengamos los resultados de la Policía Científica.

—Yo no fui —insistió.

—Es probable, pero eso no explica cómo entró el asesino en tu casa.

Ella levantó la cara para mirarle, lo que permitió a Roberto ver que tenía una visible herida en la ceja izquierda, algo que parecía reciente.

—No lo sé —dijo encogiéndose ligeramente de hombros—, imagino que él lo dejó entrar.

—O que tú dejaste la puerta abierta a propósito.

—¿Y por qué iba yo a hacer eso?

—Tu amiga nos ha dicho que tu marido te maltrataba desde hace años.

—Él me quería.

Roberto la observó con detenimiento mientras hablaba. La sensación que le transmitía era que seguía un guion ensayado palabra por palabra, aunque no conseguía percibir hasta qué punto estaba implicada en el asesinato.

—¿Qué puedes contarnos de la relación de tu marido con los rusos? —prosiguió Calviño con el interrogatorio.

—Les debía dinero.

—¿Amenazaron con matarle si no se los devolvía?

—Sí, varias veces.

—¿Entonces le mataron ellos?

—Eso creo.

—¿Y puedes darnos algún nombre?

—No, jamás me hablaba de su trabajo y tampoco escuché nombres cuando hablaba por teléfono. No sé con quién se relacionaba.

—¿Por qué lo proteges, si está muerto? —intervino en ese momento Eva—. Raquel nos ha contado que tu marido te pegaba, te maltrataba, incluso perdiste un hijo después de que te tirase por unas escaleras. No le debes nada. Reconoce que tu vida será mejor ahora sin él.

—Pablo me quería —murmuró bajando la mirada.

—¿Y tú a él?

—Sí.

La mujer rompió a llorar, unas lágrimas que Roberto no tuvo claro si eran de pena o de culpabilidad. Por ese motivo decidió acercarse a ella y le entregó un pañuelo de papel.

—Por favor, no llores. Sabemos que lo has pasado muy mal durante mucho tiempo. Nadie merecía la muerte más que él.

—Gracias —le replicó ella con una tímida sonrisa a la vez que cogía el pañuelo.

Roberto aprovechó para poner la mano sobre su hombro, mientras le decía con voz suave:

—Sé que tú no le mataste, pero debes ser sincera con nosotros. Deseabas su muerte, ¿verdad?

—Yo… no… —balbuceó ella mirándole confusa.

—Su muerte ha sido una liberación para ti. Por fin eres libre para decidir qué vida quieres llevar y regresar junto a… ¿tu hijo? —Su voz se cortó de golpe mientras retiraba la mano de su hombro y daba un paso atrás para mirarla a la cara, desconcertado—. Tu hijo está vivo.

—¿Quién te lo ha dicho? —le replicó ella, sorprendida—. ¿Ha sido Raquel?

—Sí —mintió Roberto, para ahorrarse explicaciones. En realidad, al posar la mano sobre su hombro captó un sentimiento mayor que el alivio que sentía tras la muerte de su marido: el deseo de regresar junto a su hijo—.



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